Ortiga que cuece no muerde

Escrito por: Leticia

ortiga

Es vox populi: a las ortigas no hay quien se les arrime. Pican y urtican. Aunque no siempre. Pero tal vez es el miedo a padecer los efectos del liquido que sus hojas peludas segregan en defensa propia, que la humanidad instauro por las dudas el mito de su intocabilidad. Un mínimo roce de la piel contra la planta, sin querer, bastara para provocar casi al instante una fuerte irritación.

Alejarse de las ortigas no es la solución a tan urticante estado de cosas. Por ejemplo, pruébese acariciarlas, apretujarlas incluso, pero solo de abajo hacia arriba y verá que el terror de las campiñas se viene al mínimo con la increíble docilidad. Jamás el arrime a contrapelo. Pongase sino guantes protectores para protegerse y asunto arreglado.

Corte las ortigas casi al ras del suelo y elija, para comer, las plantas más tiernas. Estas urticáceas crecen por doquier en campo abierto y a la vera de los caminos, entreveradas con la maleza y otros verdores. En casa, lavelas bien, operación que exigirá estar también con guantes porque, aunque las ortigas luzcan desmayadas, están en condiciones de seguir mordiendo. Para someterlas del todo, se impone el blanqueado con agua hirviendo salada, este proceso domeña la peludez de sus hojas y desactiva toda irritabilidad. Después prepárelas sin temores.

Con las ortigas se prepara una excelente manteca hierbada con la que aromatiza riñones de ternera poeles. Antaño, la sabiduría popular invitaba a comerlas en sopas, revueltas con ajo o en tortillas. Son buenas, saludables (favorecen la circulación) y además baratísimas. Un regalo green field.

Quiche de panceta y cheddar con juliana de ortigas

Necesitara:
300 gr de masa quebrada
200 gr de panceta magra salada
75 gr de queso cheddar rallado
1 manojo generoso de ortigas tiernas
4huevos
½ litro de crema de leche
Un poco de oporto
1 ajo
Manteca
Sal, pimienta de molinillo
Papel aluminio
2 – 3 puñados de garbanzos o porotos crudos.

Forre una tartera de 30 cm de diámetro de paredes un poco altas, con la masa quebrada. Cubra a su vez, toda la masa con papel aluminio y fíjela desparramando en el interior de la tartera los garbanzos o porotos crudos, para evitar que la masa se deforme durante el prehorneado.
Hornee 10-12 minutos, a fuego moderado. Retire las legumbres y el papel de aluminio un par de minutos antes de completar el tiempo de cocción. Luego retire la tartera del horno y aparte.

Mientras habrá preparado el relleno de la quiche. Primero, ponga a hervir abundante agua salada con el ajo, pelado y partido en dos. Lave profusamente las ortigas, escurralas bien, cortelas en juliana y échelas al agua hirviendo. Cuando retome el hervor apague el fuego. Escurra, refresque y vuelva a escurrir, reserve.

Quite el exceso de sal a la panceta y córtelas en laminas no mayor a 1.5 cm de ancho. Derrita una nuez de manteca en una sartén, incorpore la panceta y cuando comienza a trasparentar, desglace con un chorro de oporto mantenga a fuego vivo hasta que el líquido haya evaporado casi por completo. Baje la llama remueva a menudo con cuchara de madera y sume la juliana de ortigas. Apague el fuego de inmediato. Reserve.

Bata los huevos con vigor y sume la crema de leche. Mezcle bien. Salpimiente con discreción. Incorpore el queso cheddar. Distribuya la mezcla de la panceta y las ortigas en el fondo de la tartera, moje con el batido de huevos y compañía y desparrame por encima copitos de manteca algo resbaladiza. Hornee, a horno caliente hasta que el huevo haya cuajado y la superficie de la quiche luzca bonita coloración dorada. Apague el horno y deje reposar un par de minutos. Sirva de inmediato y acompañe con ensalada verde poco acidulada.

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