Arroz frito de yangchow
Lunes, Junio 30th, 2008 Escrito por: LeticiaPlato típico de la comida china, donde se mezclan algunos vegetales con arroz. Muy sabroso y fácil de hacer.

Arroz frito de yan chow
Plato típico de la comida china, donde se mezclan algunos vegetales con arroz. Muy sabroso y fácil de hacer.

Arroz frito de yan chow

Todos estos componentes anteriormente nombrados se tuestan y le dan a la Granola una textura crujiente y muy sabrosa. De manera que estará consumiendo un alimento nutritivo y sabroso. ¿Qué mejor?
Para los más golosos, traigo esta receta sencilla pero riquísima. Se trata de un original flan de manzana y coco, cuyo sabor os sorprenderá muy gratamente.
Os explico cómo se hace.
1 manzana
700 mililitros de leche
30 gramos de azucar
30 gramos de coco rayado
Caramelo líquido
4 huevos
Pelamos la manzana, la descorazonamos y la ponemos en un bol tapado con papel film, y la introducimos en el microondas durante minuto y medio para ablandarla.
Después, en un cazo u olla pequeña ponemos la leche junto con el azúcar y el coco rayado, y lo calentamos todo.
Ponemos el caramelo en el fondo de los moldes. Para quienes prefieran hacer su propio caramelo, se realiza calentando en una sartén azúcar y unas gotitas de agua hasta que adquiera un color dorado, y lo retiramos para que el caramelo no se queme.
En otro bol, batimos los cuatro huevos, y una vez bien batidos, añadimos la leche (colandola para que no caiga el coco). Añadimos las manzanas ya blanditas a este bol, y lo batimos todo para conseguir una mezcla homogénea y sin grumos.
Disponemos los moldes en una bandeja o fuente con agua, para cocinarlos al baño maría, y lo colocamos todo en el horno (precalentado) a 180 grados durante 25 minutos. Es preferible que el agua del baño maría este tibia para que la mezcla no pierda calor al colocar los moldes.
Conservaremos los flanes en el frigorífico hasta el momento de ser consumidos.
Al servir, se puede decorar espolvoreando un poco de coco rayado por encima de los flanes.
Buen provecho!
Es vox populi: a las ortigas no hay quien se les arrime. Pican y urtican. Aunque no siempre. Pero tal vez es el miedo a padecer los efectos del liquido que sus hojas peludas segregan en defensa propia, que la humanidad instauro por las dudas el mito de su intocabilidad. Un mínimo roce de la piel contra la planta, sin querer, bastara para provocar casi al instante una fuerte irritación.
Alejarse de las ortigas no es la solución a tan urticante estado de cosas. Por ejemplo, pruébese acariciarlas, apretujarlas incluso, pero solo de abajo hacia arriba y verá que el terror de las campiñas se viene al mínimo con la increíble docilidad. Jamás el arrime a contrapelo. Pongase sino guantes protectores para protegerse y asunto arreglado.
Corte las ortigas casi al ras del suelo y elija, para comer, las plantas más tiernas. Estas urticáceas crecen por doquier en campo abierto y a la vera de los caminos, entreveradas con la maleza y otros verdores. En casa, lavelas bien, operación que exigirá estar también con guantes porque, aunque las ortigas luzcan desmayadas, están en condiciones de seguir mordiendo. Para someterlas del todo, se impone el blanqueado con agua hirviendo salada, este proceso domeña la peludez de sus hojas y desactiva toda irritabilidad. Después prepárelas sin temores.
Con las ortigas se prepara una excelente manteca hierbada con la que aromatiza riñones de ternera poeles. Antaño, la sabiduría popular invitaba a comerlas en sopas, revueltas con ajo o en tortillas. Son buenas, saludables (favorecen la circulación) y además baratísimas. Un regalo green field.
Necesitara:
300 gr de masa quebrada
200 gr de panceta magra salada
75 gr de queso cheddar rallado
1 manojo generoso de ortigas tiernas
4huevos
½ litro de crema de leche
Un poco de oporto
1 ajo
Manteca
Sal, pimienta de molinillo
Papel aluminio
2 – 3 puñados de garbanzos o porotos crudos.
Forre una tartera de 30 cm de diámetro de paredes un poco altas, con la masa quebrada. Cubra a su vez, toda la masa con papel aluminio y fíjela desparramando en el interior de la tartera los garbanzos o porotos crudos, para evitar que la masa se deforme durante el prehorneado.
Hornee 10-12 minutos, a fuego moderado. Retire las legumbres y el papel de aluminio un par de minutos antes de completar el tiempo de cocción. Luego retire la tartera del horno y aparte.
Mientras habrá preparado el relleno de la quiche. Primero, ponga a hervir abundante agua salada con el ajo, pelado y partido en dos. Lave profusamente las ortigas, escurralas bien, cortelas en juliana y échelas al agua hirviendo. Cuando retome el hervor apague el fuego. Escurra, refresque y vuelva a escurrir, reserve.
Quite el exceso de sal a la panceta y córtelas en laminas no mayor a 1.5 cm de ancho. Derrita una nuez de manteca en una sartén, incorpore la panceta y cuando comienza a trasparentar, desglace con un chorro de oporto mantenga a fuego vivo hasta que el líquido haya evaporado casi por completo. Baje la llama remueva a menudo con cuchara de madera y sume la juliana de ortigas. Apague el fuego de inmediato. Reserve.
Bata los huevos con vigor y sume la crema de leche. Mezcle bien. Salpimiente con discreción. Incorpore el queso cheddar. Distribuya la mezcla de la panceta y las ortigas en el fondo de la tartera, moje con el batido de huevos y compañía y desparrame por encima copitos de manteca algo resbaladiza. Hornee, a horno caliente hasta que el huevo haya cuajado y la superficie de la quiche luzca bonita coloración dorada. Apague el horno y deje reposar un par de minutos. Sirva de inmediato y acompañe con ensalada verde poco acidulada.
La sopa no tiene estación, se toma todo el año. En verano aporta líquidos, vitaminas, proteínas y minerales, sumando muy pocas calorías. Además puede usarse en muchísimos platos. ¿Ideas?: Ser la base de salsas ligeras, en distintas preparaciones. O bien partir de sopas crema que se preparan y dejan enfriar, para servirlas como entrada o bajativo, entre varios platos, por ejemplo de un asado criollo. También la sopa crema es excelente como base de un dip, para saborizar, mezclándola con mayonesa, yogur o crema de leche. Los clásicos cubitos de caldo son ideales para tener listos y beber fríos, a toda hora, aportando sales e hidratación. Son base de salsas y le dan el toque especial a las comidas. Agende estas recetas y consejos de los expertos de Knorr:
Los cubos de caldo se agregan al agua de cocción del arroz: una vez que los granitos absorben el líquido, ganan en sabor. Dejarlo enfriar y mezclarlo con jardinera de vegetales.
Cuando aparece el calor y no se quiere pasar muchas horas en la cocina, una buena idea es desmenuzar calditos en líquido caliente y agregarlo, por ejemplo, a la mezcla para hacer milanesas o buñuelos o tortillas. En pocos minutos la base del plato tendrá un sabor especial.
Los caldos granulados light aportan muy pocas calorías por porción, por lo que resultan una excelente opción si se está en plan de mantener la línea o adelgazar. Se los puede llevar en la canasta de picnic, a la playa o a la oficina. Se beben en la forma clásica o pueden mezclarse con una taza de pulpa natural de tomate o jugo de vegetales (resultan riquísimos y refrescantes con zanahoria y manzana verde licuados, a los que se suma un toque de jengibre fresco rallado).
¿Cómo aderezar arroz, carnes rojas o pollo fríos? Mezclar una taza de mayonesa con unas cucharadas de polvo para sopa de cebolla o puerro.
Preparar una sopa crema de queso con la mitad del líquido indicado en el sobre. Unirlo a un pote de crema de leche. Es ideal para acompañar pastas, carnes o arroces. Con la misma base pueden hacerse salsa crema de cebolla o de espárragos.
Los calditos de vegetales se agregan al agua de cocción de pastas y le dan un mejor sabor.
¿Una sopa fría deliciosa? Licuar caldo frío de gallina con 2 remolachas o 2 zucchini o 2 zanahorias cocidos, media cebolla, un diente de ajo y un pote de yogur. Salpimentar y darle un toque de alguna mezcla de especias, como curry. También se puede usar caldo de legumbres y hortalizas o de zapallo.
Sopa de berro
Cómo se hace:
Hervir un litro de agua con 3 cubos de caldo de gallina. Sumar 250 gramos de hojas de berro picado y cocinar 10 minutos. Licuar. Agregar 2 cucharadas de jugo de limón y salpimentar a gusto. Llevar a la heladera. Al servir, distribuir en platos hondos, rociar con yogur natural y decorar con escamas de parmesano y una lluvia de pimienta negra.