‘Relatos de cocina’

Cocinar sano y rápido

Viernes, Diciembre 14th, 2007 Escrito por: miruton

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Esta noche he llegado cansado a casa, tuve que entrevistarme con un diseñador web, con un fotógrafo y supervisar el trabajo en el taller, intento llevar a buen puerto mi empresa recién fundada sobre producción y comercialización de cerámica peruana.

¡Nada en la cocina! Es decir, las ollas estaban vacías…No, no puedo acostumbrarme a comer en restaurantes o en lugares de comida rápida, qué va, no existe peruano que no sepa comer bien.

minuto uno:

Me basta con tomar una cebolla, una papa, un tomate y un trozo de lomo de carne. En otra olla pongo una taza de arroz para que vaya cocinándose (recuerde hacer el aderezo con ajo molido y cebolla picada).

minuto tres:

Mientras tanto, corto en tiras las papas, el tomate y la cebolla. Prendo la sartén a fuego lento, vierto un choro de aceite de oliva que dejo calentar por un minuto y agrego las papas.

Esperando a que se frían, aprovecho para cortar la carne en tiras de 5 cm apróximadamente.

minuto ocho:

Salpimiento la carne y la agrego a la sartén junto con las papas, el tomate y la cebolla. Un truco: exprima la mitad de un limón en la sartén y agregue un par de tiras de ají amarillo, o una pizca de mostaza.

Mientras espero a que se cocine la carne, retiro el arroz del fuego y me sirvo una porción en un plato tendido. Lavo una rama de perjil y decoro el arroz con ella.

minuto trece:

Acompañando mi guarnición de arroz blanco, me sirvo el sabroso lomo saltado que acabo de preparar.

En el minuto quince ya no queda nada en mi plato y he recobrado la sonrisa… entonces ya estoy listo para venir a la PC a escribir para ustedes.

¡Buen provecho!

Las Papas de Ita

Sábado, Diciembre 1st, 2007 Escrito por: Trinidad Guasch

“Ita decía:- no aprendas a hacer más cosas pues luego te pedirán que las hagas-”. Mi madre balbuceaba esto mientras buscaba una receta de mi abuela en un cajón repleto de hojas, fotos y recuerdos de antaño.

Mi abuela Ita, vivía en Avellaneda, un barrio de Buenos Aires. En su larga casa pasábamos los domingos, día que nos encontrábamos con mis primos para almorzar juntos.

Desde la mesa veía a mi abuela vaciar unas papas medianas con sumo cuidado. Hacer esa comida le demandaba una gran cantidad de tiempo. Ella era muy hábil en la cocina y siempre le pedían platos diferentes.

Durante muchos años –MUCHOS-, sólo tuve “el recuerdo” de esas papas rellenas y estofadas. Ayer, le pedí esa receta a mi mamá que aunque nunca había hecho esa comida, atesoraba sus secretos en un cajón, como si hubiera estado esperando el momento justo para volver a ser compartida.

Entonces, con mis hijos en la cocina (ámbito que compartimos la mayor parte del día) empezamos a pelar papas y a hablar de su bis abuela a la que llegaron a conocer por fotos, por las anécdotas que yo puedo recordar, por las cosas que puedo describir y por los platos que era capaz de armar con tanto cariño.

Una vez más para mí, la cocina transgredió su lugar físico, su fundamento y utilidad. La cocina me ayuda a reconstruir la historia de mi familia para que mis hijos abracen sus raíces.

El Reloj de mi Cocina

Jueves, Noviembre 1st, 2007 Escrito por: Trinidad Guasch

Hoy como todas las mañanas me desperté sola, sin ayuda digital. Hace ya mucho tiempo que no utilizo relojes ni alarmas para despertarme. Unos días atrás me servía de mi celular que clementemente sonaba, hasta que un día dejó de hacerlo sin razón aparente.

En fin…me despierto con las variaciones lumínicas de cada una de las cuatro estaciones con sus fríos, calores, olores, sonidos y luces. Gracias a esto por lo general despierto con tranquilidad.

Me levanto silenciosamente, esperando poder escapar del cercano despertar de mis hijos. Con todo el sigilo que me permite el crujiente piso de madera, llego hasta la sinfónica escalera del mismo material. Bajo 16 escalones sin todavía despertar a nadie con semejante batería de disonantes ruidos. Mis pies acarician el piso de cerámicos que me espera en silencio, frío pero más acorde al lento despertar de mi cuerpo-mente. Voy al baño y realizo el aseo mínimo indispensable. Salgo y bordeo una barra de madera hasta encontrarme con las hornallas de mi humilde pero vasta cocina.
Enciendo las hornallas y aunque es de día, iluminan con fuerza nocturna. Vacío el mate, no sin esfuerzo y tampoco sin tirar algunas escamas húmedas y verdes tras el tacho de basura.
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Parada, al lado de la hornalla absorta con la mirada puesta en ningún lugar y pensando “vaya a saber qué”, manipulo automáticamente trastos sucios de la noche anterior que quedaron sobre la mesada, intentando poner un mínimo orden mientras espero el único sonido capaz de sacarme de ese ensimismamiento: el opaco suspiro de la pava. Entonces la saco del fuego, tomo el mate y camino unos pasos , ya más vivaces hasta la mesa de la cocina.

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Corro las cortinas que como sábanas cubren los inmensos ventanales y me siento a disfrutar de ese íntimo momento conmigo.

Antes de tomar el primer sorbo verdoso, recuerdo mi reloj colgado en la cocina, aquel que reposa detrás de mí poniéndole minutos al espacio culinario y que mora sobre una de la paredes. Con un poco de temor, ese temor que le da a uno de que todo termine antes de empezar, miro sus agujas y descubro que el reloj de mi cocina es complaciente con mi desayuno, con mi ritmo psicofísico, con mi despertar.

El reloj de mi cocina, siempre o casi siempre me da esa buena noticia: es más temprano de lo que imaginé.

Finalmente nunca descubro si funciona mal o si la pava se calienta más rápido de lo que pienso.

Igual no importan mis cuentas.

Lo que me fascina es que le robé unos segundos mi mañana que ya la pensaba extinguida.

Chocolate Caliente y Budín de Zanahoria

Martes, Octubre 16th, 2007 Escrito por: Trinidad Guasch

Cuando era chica, las tardes lluviosas en las que el barro anegaba las calles y el copioso ruido de las gotas golpeando en el techo de chapa, invitaban a dormir una larga siesta de la que era difícil despertarse.
El embriagador sonido de la lluvia se mezclaba con algunos ruidos de la cocina. Aún sin salir del sopor, estos ruidos me indicaban que mi abuelo andaba por ahí. Con los ojos cerrados y una media sonrisa de placer, me sumergía aun más entre las cálidas sábanas entregándome completamente a mi descanso, con la certeza de que lo mejor me esperaba al despertar.
Por lo general dos horas más tarde, la puerta entreabierta dejaba pasar un haz de luz proveniente de la cocina y tras él se aproximaba mi abuela con una bandeja llena de amor: budín de zanahorias con crema de limón y chocolate caliente que habían preparado juntos para agregarle sol a la esa tarde de lluvia.
En realidad no sé si el recuerdo es tan exacto o a lo largo del tiempo he resaltado los momentos de mayor felicidad. Pero en definitiva, esta receta ilumina las tardes lluviosas que paso con quienes hoy forman parte de mi nueva familia.

UN DELCIOSO POEMA

Lunes, Octubre 15th, 2007 Escrito por: soraya

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Les dejo un poema lindo, fresco, divertido, y hermoso, de Zandra Montanez, una poetisa especial. Se llama ” LA BODA DE CAFE CON LECHE” y dice asi:

Doña Blanca Leche,
la de la nevera,
muy vitaminada
leche de primera,
se quiere casar
con hombre moreno,
de enorme prestigio
y de olor muy bueno.

Ha puesto un anuncio
dentro del mercado
buscando ese novio
que tanto ha soñado.
La llamaron muchos
buenos pretendientes
y, a ninguno quiso,
la muy exigente.

Vino en la mañana
el novio añorado,
un chico moreno,
negrito, tostado.
Los dos se casaron
dentro de un tazón
y café con leche
es la invitación

.Se vino a la boda
el pan orgulloso,
jugo de naranja
y un huevo curioso.
Se vistió de crema
Doña Mantequilla
y la mermelada
llevó su sombrilla.

Y en esta boda
de café con leche
se fueron juntando
todos, uno a uno,
en esa bandeja
de mi desayuno.


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